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Trabajando en equipo para construir letrinas

Una semana del mes de agosto proveyó toda una nueva experiencia para un grupo de jóvenes nicaragüenses.  Estos ocho jóvenes son algunos de los pocos afortunados en Nicaragua que tienen la oportunidad de estudiar fuera del país, pero antes de irse a la universidad, pasaron siete bajo el liderazgo de Nicolás Argüello de la American Nicaraguan Foundation, aprendiendo sobre un modo de vida en Nicaragua muy distinto al suyo.

Nuevas Esperanzas ha estado involucrada con la comunidad de El Ojochal del Listón durante muchos años y estaba muy consciente de que el saneamiento era una prioridad para los habitantes de la comunidad, especialmente para las mujeres.  De modo que cuando Nicolás se acercó a nosotros con la idea de un equipo que vaya a construir letrinas, estuvimos más que contentos de presentarlos a la comunidad.  Antes del inicio del proyecto, solo 3 de las 26 familias en El Ojochal tenían algún tipo de letrina básica – todos los demás hacían sus necesidades “al aire libre”!

Con el fin de facilitar la construcción de 26 letrinas nuevas en esta remota comunidad, se diseñó especialmente un nuevo modelo de letrina, combinando convenientes bases y pedestales moldeados de fibra de vidrio con un cubículo simple y de bajo costo hecho con láminas de zinc envueltas alrededor de postes de madera.  Este modelo “envuelto” brinda total privacidad sin necesitar de una puerta, la cual a menudo es el punto débil de muchas letrinas de bajo costo.  Al hacer uso de postes de madera disponibles a nivel local, la estructura del cubículo únicamente requirió de unas pocas láminas de zinc para las paredes y el techo, simplificando muchísimo la tarea de transportar materiales a algunas de las casas más remotas.

Nuevas Esperanzas se reunió con la comunidad con anticipación para planificar el proyecto, para formar grupos de trabajo y para solicitar el apoyo en la excavación de las fosas.  Se compró los materiales con anticipación para poder empezar la tarea de transportar las láminas de zinc y los 26 pedestales de fibra de vidrio.  En la primera mañana, después de una breve inducción en la oficina de Nuevas Esperanzas, el equipo tomó el camino para conocer otro lado de la vida en su propio país.  La gente joven de hogares privilegiados en la capital muy rara vez tienen la oportunidad de conocer a campesinos de comunidades rurales lejanas como El Ojochal.

El equipo recibió una cálida bienvenida por parte de la comunidad.  Después del inicial “shock cultural”, tanto para el equipo como para los habitantes de la comunidad que no podían entender que estos muchachos y muchachas habían venido a ensuciarse las manos, todos empezaron a trabajar juntos.  Inevitablemente, hubo algunas cosas que causaron retrasos.  No es fácil excavar un hoyo de tamaño correcto cuando el terreno es pedregoso e inestable, así que se necesitó un poco de improvisación desde la mañana del primer día.  Más tarde el mismo día, cuando regresaban por el estrecho camino que baja de la montaña, fue consternante ver que había una camioneta dañada bloqueando el camino.  Tomó varios días mover la camioneta, por lo cual los jóvenes voluntarios tuvieron la oportunidad de aprender por experiencia propia qué tan extenuante puede ser vivir en un lugar tan remoto, pues tuvieron que bajar y subir la montaña a pie.

Al final de la semana, las 26 letrinas estaban casi completas, dejando solo unos pequeños detalles para ser supervisados por el equipo de Nuevas Esperanzas la semana siguiente.  El último día, la comunidad preparó una típica comida nicaragüense para compartir con los jóvenes voluntarios.  Celebraron la diversión y los retos que habían vivido esa semana, con una piñata y una fiesta para más de cien personas, una tradición nicaragüense disfrutada en todos los niveles de la sociedad!

14/08/09